Publicado originalmente el 25 de marzo de 2025. Actualizado el 19 de septiembre de 2026. Esta actualización incorpora nuevas investigaciones y una perspectiva más aplicada, basada en mi experiencia clínica trabajando con hombres gays. He revisado especialmente las particularidades de la ansiedad por rendimiento sexual en nuestro colectivo y su relación con el chemsex.
Por Ignacio Cervera, Psicólogo General Sanitario.
¿Alguna vez has estado follando con un chico y, de repente, has empezado a preocuparte porque se te estaba bajando la erección? ¿O has seguido haciendo algo que ya no te apetecía demasiado porque no querías decepcionarlo?
En mi trabajo con hombres gays veo cómo el sexo puede acabar convirtiéndose en una prueba. Tenemos que estar buenos, ser buenos amantes, durar mucho y conseguir que el otro disfrute.
Y si algo falla, aparece el miedo a que vuelva a suceder.
La ansiedad por rendimiento sexual puede afectar mucho al placer. También puede influir en nuestra relación con el chemsex, especialmente cuando las sustancias empiezan a convertirse en una forma de conseguir el sexo que sentimos que no podemos tener sin ellas.
Vamos a ver por qué ocurre y qué podemos hacer para cambiarlo.
¿Qué es la ansiedad por rendimiento sexual?
Aparece cuando estamos tan pendientes de hacerlo bien que dejamos de disfrutar de lo que está ocurriendo.
Quizá estás follando y empiezas a comprobar si mantienes la erección. Te preocupa correrte demasiado pronto, tardar mucho o que el otro piense que no te excita.
Entonces intentas controlar tu respuesta sexual. Y cuanto más la vigilas, más difícil puede resultar dejarte llevar.
Algo que explico mucho en consulta es que tener ganas de follar no significa que vayamos a mantener una erección perfecta durante todo el encuentro. Una variación de la erección no demuestra que hayas perdido el deseo.
Síntomas de la ansiedad por rendimiento sexual en hombres
Estas son algunas situaciones frecuentes:
- Pensamientos anticipatorios: «No se me va a poner dura», «va a pensar que follo fatal» o «seguro que ha estado con tíos mejores».
- Preocupación por el cuerpo: estar pendiente de la barriga, del tamaño del pene o de cómo te ves en determinadas posturas.
- Vigilar constantemente la erección: comprobar si sigues suficientemente excitado.
- Evitar determinadas prácticas: dejar de ser activo, por ejemplo, aunque te apetezca.
- Necesidad de controlar: intentar que todo ocurra de una forma concreta para sentirte seguro.
Hay algo que me interesa especialmente cuando trabajamos estas dificultades: qué haces justo después de empezar a preocuparte.
¿Compruebas la erección? ¿Intentas penetrar rápidamente antes de perderla? ¿Te disculpas? ¿Das por terminado el encuentro?
A veces son precisamente estas respuestas las que hacen que la preocupación siga apareciendo.
¿Qué tiene de particular la ansiedad por rendimiento sexual entre hombres gays?
Hay preocupaciones que compartimos con otros hombres. Podemos tener miedo a perder la erección, a corrernos demasiado pronto o a no gustarle a la persona con la que estamos follando. Pero cuando tenemos sexo con otros hombres aparecen situaciones que no quedan bien explicadas por los modelos tradicionales de sexualidad masculina. Durante mucho tiempo, la investigación se ha centrado en la erección y en el sexo entre hombres y mujeres. Ha prestado mucha menos atención a cómo vivimos el sexo anal, los roles y otras dificultades propias de nuestros encuentros.
Por ejemplo, si eres activo puedes sentir que tienes que mantener la erección para cumplir con tu papel. Si eres pasivo quizá te preocupe la preparación, que ocurra algún accidente durante la penetración, sentir dolor o no responder a lo que espera el otro. También puedes sentir presión por ser versátil o por hacer prácticas que no te apetecen especialmente. Ninguna de estas preocupaciones es inevitable. Lo importante es entender qué expectativas están condicionando tu forma de follar y cuáles te están quitando libertad.
Además, entre hombres podemos encontrarnos con una comparación particular. El cuerpo que deseas también puede ser el cuerpo con el que te comparas. A esto se suman las expectativas que hemos aprendido sobre la masculinidad: tener que estar siempre dispuesto, ser sexualmente competente y no mostrar inseguridad. Para algunos también pesa una historia de rechazo o de haber aprendido a esconder su deseo. La investigación sobre hombres gays y bisexuales ha encontrado relaciones entre determinadas experiencias de estigma, la expectativa de rechazo y la ansiedad sexual. Eso no significa que todos hayamos vivido lo mismo ni que nuestra orientación sea la causa del problema.
Esta diferencia es especialmente importante cuando trabajo con hombres que hacen chemsex. A veces las sustancias permiten vivir el sexo con menos preocupación por el cuerpo, los roles o la evaluación del otro. Otras veces lo que se busca es simplemente más placer, intensidad o duración. Y pueden darse ambas cosas a la vez. Por eso no me basta con preguntar qué consumes. Necesito entender qué cambia en tu sexualidad cuando consumes y qué ocurre cuando intentas follar sin hacerlo. Si una parte de tu vida sexual se ha construido alrededor de esas condiciones, trabajar únicamente sobre las drogas puede dejar fuera una parte importante del problema.
1. La presión por el cuerpo perfecto
Dentro de determinados espacios de socialización gay encontramos ideales corporales muy exigentes. Cuerpos musculosos, abdominales marcados, penes grandes y hombres aparentemente preparados para follar a cualquier hora.
No todos vivimos estos ideales de la misma manera, pero pueden influir en cómo nos relacionamos con nuestro cuerpo.
Si estás preocupado por cómo se ve tu barriga cuando te quitas la camiseta, quizá te resulte difícil prestar atención a lo que estás disfrutando.
2. Compararte con otros hombres
Cuando follamos con otro hombre también podemos compararnos con él.
Quizá tiene mejor cuerpo, mantiene más tiempo la erección o parece tener mucha más experiencia.
En consulta, a veces aparece una preocupación muy concreta: «¿Y si después de estar conmigo piensa que ha tenido polvos mejores?».
El problema empieza cuando dejamos de compartir una experiencia y sentimos que tenemos que demostrar que estamos a la altura.
3. Elegir roles sexuales por miedo
Imagina que te gusta ser activo, pero has tenido varias dificultades de erección. Empiezas a evitar ese rol porque temes que vuelva a ocurrir.
Ser pasivo puede convertirse entonces en una forma de evitar esa preocupación.
Pero no debemos confundirlo: ser activo, pasivo o versátil no es un problema ni tiene por qué esconder una inseguridad.
Lo que quiero averiguar contigo es si estás eligiendo lo que te gusta o si el miedo está haciendo que renuncies a prácticas que deseas.
4. Experiencias sexuales negativas
Una crítica sobre tu cuerpo, una pérdida de erección o un encuentro en el que te sentiste juzgado pueden hacer que llegues a los siguientes encuentros con más preocupación.
No hace falta asumir que existe un trauma detrás de cada dificultad sexual.
A veces lo que mantiene el problema es mucho más cercano: has empezado a anticipar que volverás a fallar y haces todo lo posible para impedirlo.
5. Estado de ánimo y salud física
El cansancio, el estrés, determinados medicamentos y algunos problemas de salud pueden afectar al deseo y a la respuesta sexual.
No todo es ansiedad. Si las dificultades de erección son nuevas o persistentes, también conviene realizar una valoración médica.
6. Utilizar sustancias para mejorar el sexo
Este punto tiene especial importancia en mi trabajo con chemsex.
Algunos hombres descubren que con mefedrona, GHB u otras sustancias se sienten más desinhibidos. Otros buscan mayor intensidad, prolongar el sexo o disfrutar de prácticas que les resultan difíciles sin consumir.
La investigación recoge experiencias muy diferentes. El consumo puede estar relacionado con el placer, la confianza, la intimidad o la preocupación por el rendimiento. No podemos dar por hecho que todos los hombres consumen por el mismo motivo.
En consulta aparecen situaciones en las que un hombre disfruta muchísimo del sexo colocado, pero empieza a sentirse inseguro cuando intenta follar sobrio.
Aquí no me interesa convencerlo de que el sexo colocado en realidad no le gustaba. Me interesa comprender qué conseguía con las sustancias y qué está siendo difícil sin ellas.
No es lo mismo querer dejar de consumir que querer recuperar una sexualidad con la que también puedas disfrutar sin consumir.
Si te interesa este tema, puedes profundizar en mi artículo sobre chemsex y consumo sexualizado de sustancias .
7. El miedo a que vuelva a ocurrir
Después de una dificultad, puedes llegar al siguiente encuentro pensando que tienes que evitar que se repita.
Compruebas la erección. Intentas excitarte más. Buscas señales de que el otro está disfrutando.
Y el sexo vuelve a convertirse en una prueba.
Consecuencias de la ansiedad por rendimiento sexual
La ansiedad puede afectar a la autoestima sexual, reducir el deseo y hacer que evitemos determinados encuentros.
También puede empujarnos a buscar condiciones muy concretas para follar: determinadas prácticas, chicos con los que nos sentimos menos evaluados o sustancias que nos aportan seguridad.
Una de las cosas que veo en consulta es que podemos seguir teniendo mucho sexo y, sin embargo, disfrutar cada vez menos de él.
El objetivo no es simplemente conseguir mejores erecciones. Es recuperar libertad para disfrutar y elegir cómo queremos vivir nuestra sexualidad.
Estrategias para superar la ansiedad por rendimiento sexual
1. Habla con el chico con el que estás follando
No necesitas explicarle toda tu historia.
A veces basta con decir: «Me apetece seguir, pero vamos un poco más despacio».
Poder comunicar lo que necesitas evita que tengas que fingir que todo va perfectamente.
2. Cuestiona el modelo del sexo perfecto
¿De verdad necesitas estar erecto durante todo el encuentro? ¿Un polvo sin penetración es un polvo incompleto? ¿Tienes que conseguir que el otro se corra para sentir que lo has hecho bien?
En consulta trabajamos muchas de estas exigencias porque pueden acabar convirtiendo el sexo en una obligación.
No todo encuentro tiene que seguir el mismo guion.
3. Redescubre lo que realmente te gusta
Piensa en las prácticas sexuales que disfrutas y en aquellas que has dejado de hacer.
¿Has dejado de ser activo porque ya no te apetece o porque tienes miedo a perder la erección?
Si es una preferencia, no hay nada que cambiar. Si el miedo te está impidiendo hacer algo que deseas, podemos trabajar sobre ello.
4. Explora el placer más allá del pene
Besos, caricias, masturbación compartida, juegos o cualquier otra práctica que os apetezca.
Ampliar las posibilidades puede ayudarte a que toda la experiencia no dependa de mantener una erección.
Y no, esto no significa que tengas que renunciar a la penetración. Significa tener más opciones para disfrutar.
5. Revisa qué papel tiene el chemsex en tu sexualidad
Si haces chemsex y quieres modificar tu consumo, no basta con trabajar exclusivamente las sustancias.
También necesitamos entender qué ocurre con tu sexualidad.
¿Te cuesta excitarte sobrio? ¿Te preocupa durar menos? ¿Sientes que el sexo sin drogas es menos intenso? ¿Hay prácticas que únicamente te permites cuando consumes?
Estas preguntas nos ayudan a comprender qué necesitas recuperar o construir fuera del consumo.
La idea no es obligarte a disfrutar de un sexo que no te gusta. Es ampliar las posibilidades de encontrar placer sin depender exclusivamente de una forma de conseguirlo.
6. Aprende a responder de otra manera cuando algo no sale bien
Imagina que estás follando y pierdes la erección.
Puedes empezar a comprobarla, disculparte o dar por terminado el encuentro. Pero también puedes seguir disfrutando de otras formas si te apetece.
Aquí hay una parte importante del trabajo terapéutico: no siempre podemos controlar nuestra respuesta sexual, pero sí podemos aprender a hacer cosas diferentes cuando no responde como esperábamos.
7. Busca ayuda profesional si la ansiedad está limitando tu vida sexual
La terapia puede ayudarte a comprender por qué aparece la ansiedad y qué está haciendo que continúe.
En algunos casos trabajaremos sobre las expectativas y la autoexigencia. En otros necesitaremos explorar determinadas experiencias sexuales, la relación con el cuerpo o el papel que cumple el consumo de sustancias.
Lo importante es que el tratamiento responda a lo que realmente te está ocurriendo.
Si quieres trabajar estas dificultades con un psicólogo especializado en hombres gays, puedes hacerlo a través de Querido Amigo Marica.
Reconectar con el placer es posible
No necesitas mantener una erección perfecta para disfrutar del sexo. Tampoco tienes que follar durante horas, ser siempre activo o demostrar que eres un amante excepcional.
Si la ansiedad está haciendo que renuncies a experiencias que deseas, podemos trabajar para que recuperes esa libertad.
Y si el chemsex se ha convertido en la única forma en la que consigues vivir determinadas experiencias sexuales, también podemos trabajar para que dispongas de más alternativas.
No se trata de decirte cómo deberías follar. Se trata de que puedas disfrutar del sexo que realmente quieres tener.
En Querido Amigo Marica encontrarás un equipo de psicólogos especializado en el trabajo con hombres gays y sus necesidades.
Referencias bibliográficas
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– Kirana, P.-S., et al. (2025). Different faces of anxiety in sexual dysfunction: Key features, effective interventions, and critical implications for health care professionals. Sexual Medicine, 13(6), qfaf097. https://doi.org/10.1093/sexmed/qfaf097
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– Rowland, D. L., & Kirana, P.-S. (2025). A theoretical model for sexual performance anxiety (SPA) and a clinical approach for its remediation. Sexual Medicine Reviews, 13(2), 184–201. https://doi.org/10.1093/sxmrev/qeaf012





