La topografía describe la forma de la conducta: abrir una app, comprar mefedrona, consumir, tener sexo durante horas, redosificar o aislarse después. La función no es una etiqueta escondida dentro de la persona. Es una hipótesis sobre cómo esa conducta se relaciona con antecedentes y consecuencias en un contexto concreto.
Topografía es lo que vemos; función es la relación que intentamos comprender
MAFIC adopta esta distinción desde el contextualismo funcional. Su utilidad clínica depende de que evite un error frecuente: asumir que una conducta parecida debe tener el mismo significado o la misma intervención.
La función no se deduce de la sustancia
La mefedrona puede aumentar deseo, desinhibición o duración sexual, pero utilizarla no demuestra que ‘la función’ sea sexual. En un episodio concreto también pueden intervenir pertenencia, oportunidad, alivio, hábito, reglas sobre rendimiento o una secuencia aprendida de acceso. La literatura cualitativa documenta esta pluralidad y aconseja no universalizarla (Mundy et al., 2025).

Lo mismo ocurre al revés: que una persona describa ansiedad o soledad no demuestra que el consumo esté mantenido por evitación. Las variables emocionales pueden coexistir sin ser la relación más modificable o predictiva del episodio.
Preguntar por función no es preguntar por una causa profunda
Una formulación funcional útil puede ser muy próxima: ‘cuando queda solo en casa después de una semana de alta carga y tiene acceso inmediato, aumenta la probabilidad de iniciar búsqueda porque la secuencia produce placer y suspensión rápida de demandas’. No necesita postular una causa infantil para orientar una predicción.
Las historias de aprendizaje importan cuando ayudan a explicar por qué ciertas señales adquirieron valor, pero deben producir consecuencias analíticas distintas. Si una hipótesis histórica no cambia lo que esperamos observar ni qué decisión tomamos, puede ser interesante narrativamente y débil clínicamente.
La función debe contrastarse, no proclamarse
El lenguaje técnico no convierte una inferencia en dato. MAFIC exige buscar varios episodios, excepciones y resultados. El análisis funcional basado en procesos también insiste en formular relaciones que puedan ponerse a prueba y revisarse (Hayes et al., 2020).
Un buen indicador es la pregunta: ¿qué tendría que observar para admitir que esta explicación no es suficiente? Si la respuesta es ‘nada’, probablemente no estamos ante una hipótesis clínica útil.
Qué cambia en la intervención
Si el problema principal es acceso inmediato, una intervención ambiental puede tener sentido. Si la conducta proporciona pertenencia, bloquear canales sin construir alternativas puede aumentar aislamiento. Si el patrón depende sobre todo de redosificación una vez intoxicado, trabajar únicamente el inicio puede dejar intacto el tramo de mayor daño. Y si la sexualidad no es funcionalmente relevante, convertir el sexo sobrio en objetivo puede distraer del problema.
Analizar función antes que topografía no garantiza eficacia. Es una regla para justificar mejor por qué elegimos una intervención y cuándo deberíamos retirarla.
Preguntas frecuentes
¿Una conducta puede tener varias funciones?
Sí. Pueden coexistir y variar entre episodios. La formulación debe evitar convertir una función plausible en explicación total.
¿La persona sabe siempre la función de su consumo?
Su experiencia es una fuente esencial de datos, pero los relatos retrospectivos no son mediciones infalibles de contingencias. Conviene contrastar secuencias y excepciones.
¿Función equivale a motivo?
No exactamente. Un motivo verbalizado puede formar parte de la formulación, pero la función se refiere a relaciones entre conducta, contexto y consecuencias.
Referencias
Mundy, E., Carter, A., Nadarzynski, T., Whiteley, C., de Visser, R. O., & Llewellyn, C. D. (2025). The complex social, cultural and psychological drivers of the ‘chemsex’ experiences of men who have sex with men: A systematic review and conceptual thematic synthesis of qualitative studies. Frontiers in Public Health, 13, 1422775. https://doi.org/10.3389/fpubh.2025.1422775
Lafortune, D., Blais, M., Miller, G., Dion, L., Lalonde, F., & Dargis, L. (2021). Psychological and interpersonal factors associated with sexualized drug use among men who have sex with men: A mixed-methods systematic review. Archives of Sexual Behavior, 50(2), 427–460. https://doi.org/10.1007/s10508-020-01741-8
Hayes, S. C., Hofmann, S. G., & Stanton, C. E. (2020). Process-based functional analysis can help behavioral science step up to novel challenges: COVID-19 as an example. Journal of Contextual Behavioral Science, 18, 128–145. https://doi.org/10.1016/j.jcbs.2020.08.009
Biglan, A., & Hayes, S. C. (1996). Should the behavioral sciences become more pragmatic? The case for functional contextualism in research on human behavior. Applied and Preventive Psychology, 5(1), 47–57. https://doi.org/10.1016/S0962-1849(96)80026-6
Rico, R., & Montesinos, F. (2025). A contextual behavioral model of chemsex: Structural equation modeling of psychological predictors of hypersexuality and drug use. Frontiers in Psychology, 16, 1672471. https://doi.org/10.3389/fpsyg.2025.1672471. PMID: 41341731.
Hurl, K., Wightman, J., Haynes, S. N., & Virues-Ortega, J. (2016). Does a pre-intervention functional assessment increase intervention effectiveness? A meta-analysis of within-subject interrupted time-series studies. Clinical Psychology Review, 47, 71–84. https://doi.org/10.1016/j.cpr.2016.05.003
Sobre el autor
Ignacio Cervera es Psicólogo General Sanitario especializado en chemsex y adicciones en hombres homosexuales y otros HSH. Es autor y desarrollador de MAFIC-Chemsex, fundador de Querido Amigo Marica y desarrolla actividad clínica especializada, consultoría, supervisión profesional, formación y análisis de casos relacionados con chemsex.





