Chemsex: comprender el patrón para poder cambiarlo

El chemsex puede ser sexo, intensidad, conexión, desinhibición, pertenencia y placer. También puede empezar a ocupar un espacio que la persona ya no quiere darle.

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Soy Ignacio Cervera, Psicólogo General Sanitario especializado en chemsex y adicciones en hombres homosexuales y otros HSH.

Mi trabajo consiste en comprender qué está haciendo probable y manteniendo cada patrón para decidir dónde intervenir y qué necesita cambiar en ese caso concreto.

ENTENDER EL CONTEXTO

Qué es el chemsex (y qué no nos dice la etiqueta)

El término chemsex se utiliza para describir el uso intencional de determinadas sustancias en contextos sexuales, especialmente entre hombres gais, bisexuales y otros hombres que tienen sexo con hombres.

Pero la definición nos dice muy poco sobre la persona que tenemos delante.

No nos dice si consume una vez cada varios meses o encadena sesiones durante días. Si puede parar cuando quiere. Si disfruta enormemente de ello. Si está intentando dejarlo. Si consume para acceder a determinadas prácticas sexuales, para sentirse conectado con otros hombres, para dejar de pensar durante unas horas o simplemente porque ese contexto se ha convertido en una de sus principales fuentes de placer.

Y esto importa.

Dos personas pueden utilizar las mismas sustancias en contextos aparentemente similares y necesitar intervenciones completamente diferentes.

Por eso, en consulta me interesa mucho menos la etiqueta «chemsex» que comprender qué lugar ocupa actualmente en la vida de esa persona.

ANTES DE PATOLOGIZAR

No todo chemsex es una adicción

Practicar chemsex no significa automáticamente tener una adicción ni necesitar tratamiento psicológico.

Hay hombres que consumen, disfrutan de esos encuentros y mantienen capacidad para decidir cuándo participar y cuándo no hacerlo.

Y hay otros para quienes algo empieza a cambiar.

A veces aparece dificultad para detener una sesión. O se consume durante mucho más tiempo del previsto. Empiezan a cancelarse planes, faltar al trabajo o necesitar varios días para recuperarse. El sexo sin sustancias pierde terreno. Aparecen intentos repetidos de controlar o abandonar el consumo que funcionan durante un tiempo y después vuelven a romperse.

No existe una única señal que determine por sí sola dónde está el problema.

Me interesa observar cuestiones como:

  • cuánto margen tiene la persona para decidir;
  • qué consecuencias está teniendo el patrón;
  • cuánto espacio ocupa en su vida;
  • qué ocurre cuando intenta modificarlo;
  • qué actividades, relaciones o formas de sexualidad está desplazando;
  • y, sobre todo, si la relación que mantiene con el chemsex es la relación que quiere tener.

La frecuencia importa. Las sustancias importan. Los riesgos importan.

Pero ninguno de esos datos explica por sí solo la función que está cumpliendo la práctica de chemsex.

ENTENDER EL CONTEXTO

¿Por qué puede ser tan difícil cambiar?

Una de las cosas que aprendes trabajando durante mucho tiempo con chemsex es que decir «me gusta el sexo colocado» explica muy poco.

Por supuesto que puede gustar.

De hecho, uno de los errores clínicos más importantes sería hablar únicamente del daño e ignorar aquello que hace que una persona quiera volver.

En consulta puedes encontrar a alguien para quien el centro está en una intensidad sexual difícil de encontrar de otra manera.

Otra persona describe que durante unas horas deja de pensar, decidir, exigirse o evaluarse.

Otra encuentra pertenencia, contacto físico o una facilidad extraordinaria para relacionarse.

Para otra, las sustancias permiten expresar deseos, prácticas o roles sexuales que sobrio todavía vive con mucha más dificultad.

Y normalmente no existe una única función.

La PRÁCTICA DE CHEMSEX puede ser la misma en dos personas pero...

Lo que está reforzando el patrón, no.

Y esa diferencia cambia completamente dónde tiene sentido intervenir en cada caso.

Sexualidad e intensidad

El consumo puede modificar profundamente la excitación, la duración de los encuentros y determinadas experiencias sexuales.

Desinhibición

Puede facilitar prácticas, deseos o formas de relacionarse que en otros contextos generan vergüenza, miedo o excesiva autovigilancia.

Conexión y pertenencia

Un chill también puede ser un espacio de encuentro, contacto, comunidad e intimidad.

Regulación del malestar

Para algunas personas permite reducir temporalmente aburrimiento, soledad, ansiedad, pensamientos repetitivos o autocrítica.

Dejar de controlar

En otros casos, una parte especialmente potente de la experiencia consiste precisamente en dejar de tener que estar pendiente de uno mismo durante unas horas.

ANTES DEL CONSUMO

Un guarrichill no empieza cuando aparece la droga

Cuando reconstruimos un episodio en consulta, muchas veces descubrimos que el momento importante no fue aquel en el que apareció la mefedrona, el GHB, la tina o cualquier otra sustancia.

Había empezado antes.

Una tarde sin obligaciones.

Abrir Grindr «solo para mirar».

Volver a hablar con alguien con quien habitualmente se consume.

Tomar alcohol.

Empezar a fantasear con determinado tipo de sexo.

Saber que mañana no hay que trabajar.

Tener sustancias disponibles en casa.

Pensar «solo voy un momento».

Ninguna de esas situaciones obliga a consumir.

Pero cada una puede modificar la probabilidad de lo que viene después.

Por eso, una parte importante de mi trabajo consiste en reconstruir cadenas concretas: qué estaba ocurriendo antes, qué decisiones fueron acercando al consumo, qué consecuencias aparecieron durante el episodio y qué ocurrió después.

No buscamos el momento en el que la persona «falló».

Buscamos los momentos donde todavía había margen para que ocurriera algo diferente.

SEXUALIDAD Y RECUPERACIÓN

Dejar el chemsex no es solamente dejar las sustancias asociadas

Interrumpir el consumo puede resolver una parte del problema y, al mismo tiempo, dejar un espacio enorme sin cubrir.

Esto se hace especialmente evidente cuando durante años sexo y sustancias han aprendido a funcionar juntos.

Algunas personas descubren que el sexo sobrio parece plano en comparación.

O que determinadas prácticas solo aparecen bajo sustancias.

Que no saben muy bien cómo conocer a alguien sin que aparezca la posibilidad de consumir.

Que han perdido espacios sociales.

Que la excitación tarda en regresar.

O que una parte importante de su identidad sexual estaba vinculada a esos encuentros.

Por eso no me interesa construir una narrativa en la que todo lo relacionado con el chemsex deba convertirse retrospectivamente en algo horrible.

Hay usuarios que han disfrutado muchísimo.

Y reconocerlo es clínicamente importante, porque aquello que disfrutamos también ayuda a explicar por qué volvemos.

La pregunta no puede ser solamente:

«¿Cómo consigo no consumir?»

También necesitamos preguntarnos:

«¿Qué encontraba allí y cómo puedo ampliar las formas de encontrarlo?»

La recuperación puede implicar reconstruir sexualidad, placer, intimidad, relaciones, pertenencia, intensidad y formas de sentirte vivo que no dependan exclusivamente del mismo contexto.

CÓMO TRABAJO

De una historia compleja a una formulación que permita intervenir científicamente

Los casos de chemsex pueden acumular una cantidad enorme de información: sustancias, sexo, aplicaciones, relaciones, consumo previo, problemas laborales, emociones, antecedentes, tratamientos anteriores, recaídas y situaciones de riesgo.

El reto no consiste simplemente en recopilar más datos.

Consiste en descubrir cuáles de ellos están ayudándonos realmente a explicar lo que ocurre ahora.

 

Mi forma de trabajar parte del análisis funcional de la conducta y de una perspectiva contextual.

En términos sencillos, el proceso intenta responder cinco preguntas:

1. ¿Qué está ocurriendo?

Qué consume la persona, cuándo, dónde, con quién, durante cuánto tiempo y qué secuencias se repiten.

2. ¿Qué lo hace más probable?

Qué situaciones, señales, oportunidades o estados preceden habitualmente al patrón.

3. ¿Qué obtiene la persona?​

Qué consecuencias inmediatas hacen que esa conducta continúe teniendo valor.​

4. ¿Dónde podemos intervenir?​​

Qué variable parece suficientemente importante y modificable como para que tenga sentido actuar sobre ella.

5. ¿Ha funcionado?

Qué ocurre después de intervenir y qué tenemos que reconsiderar si el resultado no es el esperado.

Hay una pregunta que utilizo mucho para protegerme de las explicaciones demasiado cómodas:

¿Qué tendría que ocurrir para que dejáramos de creer nuestra propia hipótesis?

Una formulación clínica no tiene valor porque suene convincente.

Tiene valor si nos ayuda a decidir qué hacer y puede corregirse cuando la realidad no responde como esperábamos.

UNA IDEA IMPORTANTE

Detrás del consumo no siempre hay un trauma

La historia de una persona importa.

El estigma, experiencias de rechazo, violencia, homofobia, relaciones, aprendizaje sexual o acontecimientos traumáticos pueden ser relevantes en determinados casos.

Pero saber que algo ocurrió en el pasado no demuestra automáticamente que esté manteniendo el patrón actual.

En consulta prefiero no asumir que detrás de todo chemsex existe necesariamente una herida que tenemos que descubrir.

A veces esa historia será central.

Y otras veces tendremos delante variables mucho más próximas y modificables: sustancias accesibles en casa, aplicaciones abiertas, determinadas relaciones, alcohol previo, falta de sueño, una sexualidad extremadamente condicionada al consumo o una secuencia de decisiones que se repite casi siempre de la misma manera.

La explicación más profunda no es necesariamente la que se remonta más atrás.

Es la que mejor nos ayuda a comprender por qué la conducta sigue ocurriendo ahora y qué podemos hacer para modificarla.

SUSTANCIAS Y CONTEXTO

Las sustancias importan, pero no explican el caso

intervenir muchas otras sustancias y combinaciones.

Conocer sus efectos, interacciones y riesgos forma parte de cualquier abordaje responsable.

Pero clínicamente saber qué consume alguien sigue sin responder a preguntas fundamentales:

¿qué ocurre cuando lo consume?

¿cómo empieza el episodio?

¿qué hace que continúe?

¿qué ocurre cuando intenta parar?

¿y qué tendría que cambiar para que el patrón fuera diferente?

EL ENTORNO TAMBIÉN IMPORTA

Parejas y familiares

Cuando el chemsex empieza a generar problemas, sus efectos pueden extenderse a parejas, familiares y amistades.

Es frecuente que aparezcan miedo, enfado, agotamiento, vigilancia, discusiones repetidas o intentos desesperados de controlar el consumo de la otra persona.

Querer ayudar no significa poder controlar lo que hace alguien.

El trabajo con el entorno puede ayudar a diferenciar qué está en sus manos, qué límites necesitan proteger y cuándo una situación requiere intervención o ayuda profesional.

MARCO CLÍNICO

MAFIC-Chemsex

Mi forma de organizar estos casos ha dado lugar a MAFIC-Chemsex, el marco clínico funcional-contextual que he desarrollado para la evaluación, formulación y toma de decisiones en problemas relacionados con chemsex.

La idea central es sencilla:

una intervención no se elige porque «funcione para el chemsex», sino porque existe una hipótesis suficientemente buena sobre qué necesita cambiar en ese caso.

MAFIC-Chemsex es un marco en desarrollo e informado por la evidencia, no un protocolo cerrado ni un tratamiento que deba aplicarse igual a todas las personas.

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Artículos y recursos sobre chemsex

En esta web publico análisis y materiales sobre chemsex, sustancias, craving, recaídas, reducción de daños, sexualidad, relaciones y procesos de cambio.

SOBRE EL AUTOR

Ignacio Cervera

Ignacio Cervera es Psicólogo General Sanitario especializado en chemsex y adicciones en hombres homosexuales y otros HSH.

Es autor de MAFIC-Chemsex, fundador de Querido Amigo Marica y desarrolla su actividad entre práctica clínica especializada, consultoría y supervisión de casos, formación y desarrollo de conocimiento sobre chemsex.