Una de las ventajas sexuales que algunas personas atribuyen al chemsex es poder durar más. El problema aparece cuando ‘durar más’ deja de ser una preferencia y se convierte en el criterio con el que se evalúa cualquier encuentro: si el sexo sobrio dura menos, parece peor; si hay una pausa, parece que se ha perdido la excitación; si llega el orgasmo pronto, se vive como un fracaso.
Qué dice la investigación sobre duración y respuesta sexual
Nimbi et al. (2021) encontraron que participantes describían una extensión importante de la duración sexual y cambios en deseo y excitación, junto con posibles dificultades de erección y eyaculación. Son datos de autoinforme y no establecen un efecto universal ni una relación causal simple.
Las sustancias, las combinaciones y el contexto pueden producir efectos sexuales muy distintos. Por eso, una dificultad de erección o eyaculación no debería atribuirse automáticamente al chemsex sin valorar salud física, medicación, ansiedad, consumo concreto y contexto sexual.
La comparación puede cambiar el criterio de «buen sexo»
Si durante meses o años las experiencias más memorables duran muchas horas, un encuentro de cuarenta minutos puede parecer objetivamente pequeño aunque resulte placentero. Esa comparación no demuestra que el sexo sobrio tenga menos valor; muestra que el criterio de evaluación está construido alrededor de otra experiencia.

En consulta puede ser útil separar duración de satisfacción: ¿cuánto tiempo estuviste realmente disfrutando?, ¿qué parte del encuentro querías prolongar?, ¿qué parte continuó por expectativa, redosificación o dificultad para parar?
Duración y satisfacción son variables distintas. Un encuentro más largo puede ser más placentero, menos placentero o cambiar de función a mitad del episodio.
Inicio y prolongación pueden ser problemas distintos
Algunos episodios comienzan por una búsqueda clara de placer y exploración, pero continúan cuando el placer ya ha disminuido. En material clínico anonimizado aparece una pauta especialmente instructiva: el plan era una sesión breve, el disfrute intenso ocupó una fase inicial y después la persona siguió redosificando con la expectativa de recuperar ese estado.
Ese patrón no se explica solo por ‘querer sexo durante más tiempo’. La farmacología, la intoxicación, el reforzamiento intermitente y la dificultad de detenerse pueden adquirir más peso a medida que avanza el episodio.
El rendimiento sexual puede convertirse en una regla rígida
‘Tengo que durar’, ‘tengo que estar siempre duro’, ‘si no puedo hacer esta práctica no merece la pena quedar’ o ‘el sexo bueno tiene que ser extremo’ son reglas que pueden reducir la libertad sexual, con o sin chemsex.
El artículo histórico de esta web sobre ansiedad de rendimiento sexual ya señalaba la utilidad de ampliar el foco más allá de erección, penetración y orgasmo. En el contexto del chemsex conviene añadir otra pregunta: ¿cuánto de esa exigencia está sostenida por la comparación con el sexo bajo sustancias?
Qué sería ampliar el repertorio
No se trata de entrenarse para conformarse con menos. Puede tratarse de recuperar varias métricas de una experiencia sexual: placer, conexión, curiosidad, comunicación, deseo, capacidad de parar, satisfacción posterior y libertad para elegir prácticas.
Si existen síntomas sexuales persistentes, dolor o cambios de función, la evaluación médica o sexológica es importante. El análisis psicológico no debe sustituirla.
Preguntas frecuentes
¿La mefedrona siempre ayuda a durar más?
No. Los efectos sexuales varían y pueden incluir tanto prolongación subjetiva como dificultades de erección o eyaculación.
¿Que el sexo sobrio dure menos significa que he perdido capacidad sexual?
No necesariamente. La duración por sí sola no mide deseo, placer, satisfacción ni funcionamiento sexual.
¿Cuándo conviene consultar a un sexólogo o médico?
Cuando hay dolor, cambios persistentes de erección o eyaculación, problemas físicos o una dificultad sexual que requiere evaluación específica.
Referencias
Nimbi, F. M., Rosati, F., Esposito, R. M., Stuart, D., Simonelli, C., & Tambelli, R. (2021). Sex in chemsex: Sexual response, motivations, and sober sex in a group of Italian men who have sex with men with sexualized drug use. The Journal of Sexual Medicine, 18(12), 1955-1969. https://doi.org/10.1016/j.jsxm.2021.09.013. PMID: 34756552.
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Barber, W., Hillyard, M., Connolly, D., da Silva, E., Scott, G., Mitcheson, L., & Appiah-Kusi, E. (2026). Sex, substances, and stigma: Working alongside chemsex in talking therapies. The Cognitive Behaviour Therapist, 19, e26. https://doi.org/10.1017/S1754470X26100683.
Mundy, E., Carter, A., Nadarzynski, T., Whiteley, C., de Visser, R. O., & Llewellyn, C. D. (2025). The complex social, cultural and psychological drivers of the ‘chemsex’ experiences of men who have sex with men: A systematic review and conceptual thematic synthesis of qualitative studies. Frontiers in Public Health, 13, 1422775. https://doi.org/10.3389/fpubh.2025.1422775. PMID: 40027505.
Sobre el autor
Ignacio Cervera es Psicólogo General Sanitario especializado en chemsex y adicciones en hombres homosexuales y otros HSH. Es autor y desarrollador de MAFIC-Chemsex, fundador de Querido Amigo Marica y desarrolla actividad clínica especializada, consultoría, supervisión profesional, formación y análisis de casos relacionados con chemsex.



